miércoles 11 de enero de 2012

Y colorín, colorado…

Ayer me ví reflejado en la carta de una lectora del diario La Vanguardia. Lo cierto es que ponía los pelos de punta. Cualquier persona consciente de la situación debería mostrar la misma indignación, pues el engaño al que hemos estado sometidos los catalanes es de proporciones titánicas. Y nunca mejor dicho, pues esto se hunde por la proa y lo sabe cualquiera que tenga dos dedos de frente. Demasiado barco para tan poca agua.

El 2012 va a ser de miedo. Ya estamos en recesión, con más de 5 millones de parados. La Seguridad Social en negativo. El gobierno catalán pidiendo créditos de urgencia para pagar nóminas. En tres años habra 500 mil famílias sin hogar. Esto es el primer mundo, señores. Disfrútenlo.

En la mencionada carta se hace patente la frustración de una família que, como tantos miles de catalanes, hemos ido manteniendo a una casta política infame, que ha ido comiendo gracias al victimismo, la autocomplacencia y el falso patriotismo. Actuar como una nación, abriendo embajadas en el mundo y hacerse fotos con David Cameron o Barak Obama no significa que tengas poder, sólo que lo aparentas muy bien. Hacer aeropuertos, autopistas y líneas de tren de alta velocidad pagadas con fondos europeos no significa ser ricos. A un pobre no se le ayuda para que se compre un Aston Martin. Y esto es España.

Qué curioso, que el dia 31 de Diciembre pasado emitieran en TVE y en “prime time” aquella casposa película española, “Vente a Alemania, Pepe”. Vaya, que casualidad, justo ahora cuando está habiendo una fuga de cerebros, y se está hablando de una generación perdida. Sí, aquella película en la que el actor Alfredo Landa encarnaba al españolito que se iba a Alemania a buscarse la vida en los años 60.  Medio millón de españoles, la mayoria campesinos. Pero ahora son la flor y nata del país los que se van. Los licenciados que ven su futuro en peligro, en un país donde jamás se ha valorado el talento. A ver quien estudia una carrera para después ganar lo mismo que el basurero del pueblo.
Pues nada, como decía la señora de la carta. Yo también quiero que mis hijos –Dios mediante- tengan un futuro. Y eso, véase la realidad, no está en España, por muuuuy bueno que sea el jamón y el clima.  A mí los arquetipos no me dan de comer.